Criterios para clasificar los textos como generales o especializados
Texto especializado: es aquel que transmite conocimientos teóricos o prácticos propios de una disciplina concreta (científica, técnica, jurídica, económica, académica o institucional) y se dirige a un receptor con conocimientos previos en esa materia. Se caracteriza por:
Terminología precisa: cada término técnico remite a un concepto delimitado por la disciplina, sin ambigüedad.
Objetividad: predomina un estilo impersonal (pasivas, nominalizaciones, tercera persona) que da prioridad al hecho o al concepto sobre quien lo enuncia.
Estructura estandarizada: sigue formatos reconocibles por la comunidad académica o profesional (por ejemplo, el esquema introducción-métodos-resultados-discusión en textos científicos).
Códigos no lingüísticos: incorpora con frecuencia fórmulas, símbolos, tablas o nomenclatura normalizada.
Conocimiento previo del lector: no explica los conceptos básicos de la disciplina, ya que se presupone que el lector los conoce.
Ejemplos habituales:
Ámbito académico e institucional: guías docentes, certificados, planes de estudios, actas de órganos colegiados, resoluciones, convocatorias de reuniones, normativas (plan antifraude, conflicto de intereses), códigos éticos, etc.
Ámbito administrativo: contratos, dictámenes, convocatorias oficiales en boletines.
Ámbito técnico: manuales de maquinaria, especificaciones de ingeniería, protocolos de seguridad industrial, artículos científicos.
Texto general: es aquel destinado a la comunicación cotidiana o a la difusión de información para un público amplio, y que no requiere conocimientos técnicos previos para su comprensión. Se caracteriza por:
Público amplio: se dirige a un receptor heterogéneo, sin formación académica o técnica especializada en la materia.
Lenguaje común: emplea vocabulario general, admite la polisemia y recursos expresivos habituales.
Finalidad divulgativa: busca informar, entretener o difundir temas de interés general.
Estructura flexible: no exige formatos estandarizados; puede ser narrativa, informativa o argumentativa según la intención del autor.
Apoyo en el contexto compartido: recurre a aclaraciones o ejemplos sencillos para introducir conceptos nuevos.
Ejemplos habituales: noticias, reportajes y artículos de opinión, blogs informativos, folletos turísticos, guías prácticas, comunicaciones de la universidad al personal o al estudiantado, y páginas web de la universidad o de sus centros, departamentos, facultades y escuelas.